Declaración de Santa Fe de la Vera Cruz del Partido Demócrata Cristiano de la RA
Quienes abajo firmamos somos nuevos y no tan nuevos integrantes de la Democracia Cristiana y provenimos de distintos sectores políticos y sociales de la Provincia de Santa Fe.
No es para nosotros novedad la participación activa en la construcción comunitaria y de hecho, algunos hemos incluso cumplido funciones en gobiernos anteriores. Si advenimos a la DC ya madura nuestra experiencia es por entender que el espacio ofrecido reconoce como propios los valores y la doctrina que emana del Sagrado Magisterio de la Iglesia Católica, compartido con otras expresiones partidarias similares pero que en la DC como en ninguna otra, han de ser raíz y fundamento de su praxis.
Esto nos obliga por historia y consentimiento de la voluntad a ser testigos de una nueva política, historia que heredamos de nuestros mayores en el Partido Demócrata Cristiano y consentimiento que realizamos por nuestro compromiso vital con el Evangelio. Consideramos entonces esta vocación como don y tarea y como tal habremos de llevarla a cabo.
Esto no significa ser simplemente un "partido testimonial" sino uno integrado por hombres y mujeres dispuestos a dar testimonio de lo que creen, a ganar o perder electoralmente con honradez existencial y a no conceder nada cuando lo que está en juego es la naturaleza misma del hombre y de la sociedad.
La diferencia fundamental entre un "partido testimonial" y nuestra propuesta estriba en que el primero diluye la responsabilidad del cumplimiento doctrinario en la agrupación dejando librado a sus dirigentes el accionar político mientras que en la segunda, cada uno de nosotros se transforma en instrumento y custodio de los principios fundacionales, rindiendo cuentas primero ante su conciencia y recién luego ante la autoridad partidaria.
Esto puede realizarse privilegiando la ética personal y creyendo y practicando la diversidad en orden a la unidad y el diálogo respetuoso como herramienta. Por eso creemos y apoyamos toda acción que promueva el entendimiento entre argentinos superador de las divisiones que hoy nos impiden reconocernos como hermanos. En esto la Democracia Cristiana brinda cátedra de civilidad.
El bien común es producto de la suma de voluntades de individuos capaces de renunciar a sus apetencias personales para poner su vigor al servicio de todos. No es resultado de esfuerzos aislados ni de conductas discursivas ni de imposiciones formales ni de estructuras rígidas. Hay que descubrirlo primero para que sea realmente común, de todos y para todos. Su naturaleza se encuentra en la del hombre mismo y en sus circunstancias, está en el pueblo. Más acá de los principios irrenunciables que hacen a la dignidad de la persona -los verdaderos derechos y deberes humanos-, ha de hallarse en lo que la comunidad confiesa como propio, en los requisitos vivenciales para que el hombre, viviendo en comunidad, se realice como persona y como ciudadano.
A modo de definición asumimos la que sigue: Bien común es el conjunto de condiciones de la vida social que permiten que las asociaciones y cada uno de sus miembros alcancen de manera más fácil e íntegra la perfección que les corresponde.
No es la suma de los bienes de cada uno de los miembros de la sociedad ya que es indivisible y solo con la colaboración de todos puede ser alcanzado, aumentado y protegido. Afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad.
Esto nos enfrenta a la dificultad de actuar en política -para la que hemos sido llamados- con actitud crítica y a la vez unificadora. Su conciliación es en la práctica, una obra de arte y como tal puede no ser comprendida ni aceptada por muchos.
En lo que a la historia reciente de nuestro partido se refiere, la nueva conducción surgida hace un año encontró nichos de oposición desde ambos lados del equilibrado centro por el cual transita. Esto es bueno en función del diálogo y cuando quien critica no agrede y quien acepta lo hace desde los valores y no de la sencilla complacencia.
Esto sin dejar de considerar la integridad y eficacia debidamente comprobadas de quien emite una opinión, porque quien presenta fisuras éticas o fracasos en la acción política mal puede dar consejos.
En política el éxito o el fracaso no se miden solamente por los resultados electorales o por la representación parlamentaria o ejecutiva en el gobierno que logre una parcialidad política y mucho menos en actitudes discursivas o en la exaltación de la oposición interna o externa, sino fundamentalmente por la capacidad de formular, instalar en la comunidad y defender paradigmas y logrado esto, irremediablemente en el tiempo dará el triunfo electoral que todo partido político procura.
Para que este esquema que parece sencillo funcione requiere por parte de quienes lo piensan y ejecutan, la sabiduría que da la sensibilidad frente al pueblo, no para decir lo que quieren escuchar sino para hacer lo que reclama su dignidad.
Dos hechos encomiables de esta conducción merecen ser destacados.
Uno, la propuesta internacional de que la recuperación plena de la soberanía Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur sea considerada una causa americana lograda mediante la Resolución de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
Otro, la integración del Consenso Federal (ConFe) junto al Sr. Vicepresidente de la Nación D. Julio Cleto Cobos, espacio federal que hoy atrae la atención del pueblo argentino y que puede representar una salida a la crisis de identidad nacional que impide la unidad. ConFe deseamos sea un espacio abierto, participativo y plural que contrapese actitudes rígidas provengan de donde provengan y desde el interior de la República vemos que transita por esa senda con las vacilaciones propias de un niño que aprende rápido.
También queremos aplaudir el apoyo brindado al Partido Justicialista a fin de la recuperación del espacio internacional de este partido dentro de la Internacional Demócrata Cristiana.
El justicialismo, más allá de quien lo conduzca transitoriamente, tiene un rico contenido doctrinario basado en las mismas fuentes que el demócrata cristiano; es según la definición de su fundador, nacional, popular, humanista y cristiano. Por ello afirmamos nuestra vocación de trabajar en paralelo desde la diversidad en orden a la unidad porque los objetivos de la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo nos son comunes.
Estas dos últimas políticas de orden interno son las que nos permiten advertir en nuestro partido la vocación al protagonismo para la construcción de un proceso de unidad nacional que devuelva la credibilidad y confianza de la comunidad en las instituciones y en la política. La DC sabe como hacerlo y puede cumplir con esta llamada histórica, liderando y/o participando sin perder su identidad.
Somos un partido con doctrina, historia y testimonio capaz de ser actor dinámico en esta arquitectura social y para eso debemos generar una revolución política en la cultura de la vida pública argentina para lo cual debemos revitalizar y profundizar nuestro contacto con el pueblo para así reconocernos como hermanos.
Intentamos humildemente ser maestros para que el oficialismo aprenda a dejar de ser dominante solamente para perpetuarse en el poder y para que la oposición abandone la metodología de desacreditar y destruir para llegar al poder. No es el poder en sí mismo el objetivo superior de la política sino su ejercicio en orden al bien común. Es un desafío que nos exigirá un gran esfuerzo pero la Argentina lo merece.
Entonces y en esta hora de la República y de nuestra Provincia creemos necesario realizar desde Santa Fe, cuna de la organización nacional, una convocatoria amplia a todos los compañeros demócrata cristianos de la Argentina con los siguientes objetivos:
Uno: Abrir un amplio y respetuoso debate interno que defina el perfil de la DC en los tiempos cercanos.
Dos: Desde la diversidad propender a la unidad partidaria, sin renunciar a las singularidades pero orgánicamente encolumnados tras la conducción partidaria con actitud crítica constructiva.
Tres: Retomar ritmo político y electoral empezando por la afiliación, el contacto con los institutos de la República, con las organizaciones libres del pueblo y con la gente, tanto para ser conocidos como para lo más importante que es conocerlo y poder interpretarlo.
Cuatro: Capacitar a cuadros y militantes para actuar conforme los ideales que nos convocan y prepararnos para ser alternativa desde ConFe o con acuerdo con otras fuerzas políticas o solos según las exigencias y expectativas de cada sector social y distrito electoral en el que participamos.
La síntesis de esta declaración se puede encontrar en el título de la misma: No hay que sin quien.
Sin el pueblo no hay construcción posible.
Sin afiliados y simpatizantes no hay capacidad operativa.
Sin dirigencia hábil y madura no hay conducción.
Ponemos esta declaración a disposición de los compañeros de toda la Nación para su debate si así lo consideran oportuno.
Santa Fe de la Vera Cruz, Enero 31 de 2009
Firman afiliados a la DC
Aguilar, Octavia Teresa
Aguirre, Carlos Enrique
Aguirre, Santos Jere
Ahuir, Marta Beatriz
Álvarez, Mónica del Lujan
Amadore, Ricardo Enrique
Barrios, María Alejandra
Benítez, Miriam Sara
Brisuela, René
Cardozo, Héctor Fabián
Castañedo, Juan Carlos
Castillo, Marco Julio
Constantini, Julio Antonio
Contreras, Marcelo Fabián
Coseres, Evangelina Guadalupe
Delgado, Norma Edith
Di Lorenzo, Shirley Eleonor V.
Díaz, Nélida
Estrella, María Cristina
Falcón, Yanina Soledad
Fernández, Mirtha Elvira
Fernández, Noemí Inocencia
Fernández, Roxana Fabiana
Ferreira, Rosa Ada
Florito Hoidel, Verónica
Frias, Ariel Ambrosio R.
Frías, Claudia Lidia
Gallo, Oscar Alfredo
Goicochea, Perla Elizabet R.
Gómez , Miriam Noemí
Gómez , Pedro David
Gómez, Alicia Alejandra
Gómez, Almada Liliana
Gómez, Eduardo Damián
Gómez, Francisco
Gómez, Graciela Amalia
Gómez, Héctor Raúl
Gómez, Héctor Raúl
Gómez, Manuel Florentino
Gómez, María Alejandra
Gómez, Norma Ester
Gómez, Sandra Elizabet
Gómez, Sergio L.
Gómez, Tomas Segundo
González, Daniel Alberto
Gozek, Ana Maria
Iglesia, Alejandra Mariel
Lezcano, Ana María
Lezcano, Clara Nilda
Luque, Verónica Lorena
Márquez, Ismael Teodoro
Martinez, Blanca Inés
Martínez, Norberto Ángel
Mazza, Ana María Rosa
Mazza, José María
Mecí, Francisco R.
Medina, María Estela
Medina, Yolanda Mabel
Mendoza, Daniel
Miño, Jorge Mauricio
Molina, Hernán Darío
Monzón, Marcela Alejandra
Olivari, Juan Ángel
Oporto, Norma Raquel
Oporto, Norma Rosa
Pacheco, Ramona
Pagliero, Lindolfo Rubén
Peralta, Víctor Miguel Ignacio
Pérez, Blanca Esther
Ravelli, Cristian Orlando
Ravelli, Orlando José
Rivolta , Ángela Fabiana
Romero, Alicia Beatriz
Romero, Elizabet Emilse
Romero, Horacio Alfredo
Romero, Marcelo Daniel
Romero, María Esther
Sánchez, Ana Aquilina
Sánchez, Juan Carlos
Schoming, Angélica
Schuhmacher, Maria Teresa
Taborda, Teresa Analía
Tapon, Atilio
Toledo de Lescano, Stella Maris
Toledo, Juan Silverio
Villagrán, Gisela Noralí
Viñuela, Jesús Sebastián
Ybáñez, Daniel Humberto
Yozia, Hilda Cristina
Siguen las firmas…
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